Ya ha pasado la estación del turismo. Como todos los años y tan lejos como lo permiten los recuerdos, llegan miles de turistas a nuestra región que puede considerarse como una de las más bellas del mundo. Llegan del norte de Chile, de la Argentina y de los Estados Unidos de Norteamérica. Viajan de todas las maneras posibles en distinguidos vagones de ferrocarril, en autos modernos y todos elegantemente vestidos. Como debe ser exigen servicio a los hoteles de acuerdo a sus sofisticados estilos de vida.

   ¿Quién se acuerda sin embargo de aquellos valientes exploradores que hace ya más que medio siglo encontraron el camino desde la costa chilena del Pacífico hasta las pampas argentinas, aquellos que partieron desde Puerto Montt que desde mediados del siglo XIX había sido colonizada por colonos alemanes? ¿Quién se acuerda todavía de nombres tales como "Carlos Wiederhold" o "Federico Hube", esos excepcionales pioneros fundadores del turismo entre Chile y Argentina, aquellos descubridores y exploradores en el verdadero sentido de la palabra que abrieron una brecha entre las selvas, los pantanos, los desfiladeros y los acantilados de la salvaje Cordillera para llegar a su destino en el lago Nahuel Huapi y el río Limay?

   Estos dos hombres probaron que era posible construir un cómodo camino hacia el país vecino de la Argentina, un camino barato y abierto a lo largo de todo el año a comparación del viejo camino a través de los Andes en Mendoza. Su obra sentó las bases al acceso a la en la actualidad tan civilizada región cuyo centro desde comienzos del siglo es la ciudad de San Carlos de Bariloche y cuyo nombre lleva en honor a su fundador Carlos Wiederhold.

   Sería demasiado tedioso describir aquí todos los viajes previos de exploración que desde Chile se realizaron. Sin embargo nos vemos en la obligación de mencionar algunos nombres como él del Padre Menendez -1670-, los de Phillipi, Hess y Döll que exploraron la región hace ya más de cien años, él de Pérez Rosales y él de Steffen que invirtieron en sus viajes por la región parte de su vida y de su patrimonio.

   Ahora han pasado sesenta años desde que Carlos Wiederhold y Federico Hube se conocieran y reconocieran las similitudes de sus caracteres y deseos en cuanto a esta zona. Wiederhold encontró finalmente un rumbo en un camino posible a lo largo de los picos del Osorno, Puntiagudo y Tronador.

   Yo todavía recuerdo un hecho que no sólo es de sumo interés relatar sino que también tuvo trascendencia futura. Al final de la guerra civil chilena del año 1891 y cuando fue derrotado el ejército de Balmaceda, el nuevo gobierno ordenó prisión para todos los miembros del opositores. Uno de los comandantes, R. Christie, que conocía los viajes de exploración previos, huyó a la Argentina. En La Ensenada, un puerto olvidado y poco conocido en ese entonces del lago Llanquihue, el comandante ató sus pertenencias a una especie de trineo que utilizaban los indígenas llamada "bongo" para poder atravesar las regiones pantanosas sin la necesidad de ruedas. El trineo lo arrastraba un caballo. Así atravesó el fugitivo el "Nadi", los pantanos, hasta llegar al río Petrohué. Allí utilizó el bote del colono Willer que lo llevó hasta el otro extremo del Lago Todos los Santos. Con increíble esfuerzo pudo llegar luego hasta Puerto Blest. Las huellas que dejó a lo largo del camino fueron la senda que luego utilizó Wiederhold para construir su camino. Este le mostró la senda a su amigo Hube y conversó con él sobre la posibilidad de construir un camino para carros.

   Con la ayuda financiera de un capitalista alemán de Bremen, Achelis, se fundó la compañía "Hube & Achelis" de la que unos años después nació la "Sociedad Comercial y Ganadera Chile-Argentina".


   Entonces lo increíble se volvió realidad: Se fundaron agencias y factorías a lo largo del recorrido del camino del futuro en Puerto Montt, Puerto Varas, Frutillar, La Ensenada; Peulla, Casa Pangue, Puerto Blest y sobre el lago Nahuel Huapi cerca del río Limay.

   Se superaron todos los obstáculos para construir un camino pero el gran desafío era el transporte sobre los tres grandes lagos. Durante muchos años hubo vapores que surcaban el lago Llanquihue y también se trajo un pequeño vapor de río desde Valdivia para que surque las aguas del lago Todos los Santos. Pero la empresa Hube & Achelis quería llegar más lejos aún. Se le encargó al Astillero Ribbeck de Valdivia la construcción de un vapor que pueda navegar el tormentoso lago Nahuel Huapi. Era un vapor de setenta toneladas que fue trasladado en partes hasta Puerto Montt y luego sobre un complejo sistema de rollizos a través de los pantanos, ríos y bosques a lo largo del río Blanco hasta los confines de la Cordillera a 750 metros de altura. Luego con cadenas y sogas ajustadas a los viejos coihues y otros sistemas de arrastre más las diferentes partes del vapor se llevaron hasta Puerto Blest sobre el lago Nahuel Huapi.

   Hacía fines del año 1892 tuve el honor de ser invitado por Hube para participar de un evento memorable, la botadura del vapor "Cóndor" en Puerto Blest. De todos los que participaron del acontecimiento y con mis ochenta y cuatro años debo ser todavía el único que permanece con vida. De todas formas es importante mencionar algunos nombres. En primer lugar estaba el Director de la importante Casa Comercial Oelckers, el inteligentísimo ingeniero Hermann Oekckers. Él estuvo a cargo del discurso inaugural y además de romper la botella de champagne sobre el casco del vapor. Allí estaban Carlos Wiederhold y su hermano Germán, el fotógrafo-artista que registró todo el evento con fotos admirables. (Debo destacar que éste último tiene el honor de haber sido una de las primeras personas que en Chile plantara árboles y flores nativas en parques y plazas públicas) También me acuerdo de Ferdinand Doggenweiler que junto a su mujer y hermano vino desde Santiago de Chile. Estaba Wilhelm Stange, el Presidente de la Asociación Alemana de Puerto Montt, Albert Frydrup y Wolf, el dueño de fábricas. Todos eran descendientes de los viejos colonos alemanes. Nos acompañaba también como huésped de honor el Intendente de la provincia de Llanquihue.


   Finalmente el vapor se deslizó lentamente hasta las aguas del Nahuel Huapi bajo el clamor y júbilo de los presentes. El motor comenzó a funcionar y todos subieron a bordo y con discursos y alegres cantos observábamos como el vapor cortaba las olas del lago en su camino hacía el este del lago, allí donde el Limay lleva las aguas del lago hacía el Océano Atlántico.

   En el viaje, cerca de Puerto Moreno, vimos sobre la costa una elegante vivienda nueva de madera junto a algunos galpones. Sobre el portal de entrada se podía leer con toda claridad un enorme cartel escrito con brea que decía "Hotel zum schmutzigen Löffel" ("Hotel de la sucia cuchara"). El destino había llevado al señor Niebuhr desde Valparaíso hasta ese lugar en donde podía darse el lujo de ese nombre.

   Al final de nuestro incierto viaje y entre gritos, exclamaciones, disparos de pistolas y rifles y la sirena del vapor llegamos finalmente a un pequeño muelle y al grupo de casas y galpones que componían la factoría de Carlos Wiederhold. En este lugar fue fundado por nosotros en enero del año 1900 la ciudad de Bariloche. Ante nuestros ojos se extendía la inmensidad vacía de la pampa argentina con sus coirones, michai y calafates.


A la noche en el banquete inaugural se agregaron a la comitiva varios hombres elegantemente vestidos. Habían llegado de lejos cabalgando por varios días, desde San Martín de los Andes, Neuquén y Ñorquinco. A primera vista, con sus espesas barbas, ochotas, chaleilas en sus pies y sus pantalones de cuero y botas, parecían gauchos. Sin embargo en su gran mayoría eran europeos cultos que el destino había llevado a los confines de la pampa. Hablaban alemán y otros idiomas europeos y poco español. Uno de ellos se anotó para un discurso que fue excepcional y que terminó con una cita de Horacio. ¡Quién sabe lo que este hombre fue anteriormente!

   Celebramos un gran banquete con todo el lujo, champaña, vinos seleccionados para la ocasión y cigarros que acompañaron una exquisita carne al asador. El contenido de los discursos se refería naturalmente a los tiempos que se avecinaban. En cuanto a la llegada del vapor que acercaba el sur de Chile y su civilización a la ciudad de Bariloche que ese día estábamos fundando, todos le auguraban un gran futuro. Federico Hube, Carlos Wiederhold, el ingeniero Fohmann, Carl Röschmann, Horn, Brauning, Hans Hanke, el suizo Roth, Christian Bock, todos hombres pensantes y entusiasmados y de gran energía y entendimiento práctico finalizaron el trabajo. Fueron todos hombres de origen alemán y de otros orígenes europeos los que en ese entonces fundaron la ciudad de Bariloche. 


   El señor Carlos Röschmann puso a mi disposición su diario personal que habla de sus actividades desde el año 1905 en adelante. El era el gerente comercial de la factoría en Bariloche. En el diario cuenta que en Chile no existía el ferrocarril aún y que para llegar a su destino viajaba desde Puerto Montt hasta Puerto Varas en una vieja carreta con toda su familia. Para cruzar el lago Llanquihue viajaban en un vapor hasta la Ensenada y después a caballo hasta el lago Todos los Santos para subirse a otro vapor. Desde Peulla continuaban hasta Casa Pangue a caballo a lo largo de 14 kilómetros, también al paso lo cruzaban a caballo para llegar al lago Frías y después a Puerto Blest. Allí la lluvia tan común en esos lugares los obligaba a refugiarse en unas viviendas de madera. A su llegada a Bariloche en el año 1905, la ciudad ya tenía 800 habitantes. Ahora tiene más de diez mil (1958). Por la misma ruta trajo Röschmann a Bariloche el primer piano. Es difícil imaginarse hoy los esfuerzos necesarios para llevar eso a cabo. La vida en la ciudad era bastante monótona y aburrida. El único entretenimiento eran las excursiones a caballo por la pampa. Pero allí también había obstáculos. Los menucos en los que caían los animales y a veces también los jinetes. Sin iglesia ni escuela otra de las desventajas eran las escasas posibilidades culturales y de educación. Una vez a la semana llegaba el correo desde Puerto Montt. Muchos años más tarde recién comenzó a llegar el correo en carreta desde el lado argentino dos veces por semana.

   El gobierno argentino regalaba en ese entonces parcelas de 400 hectáreas que rodeaban al lago. A los colonos que llegaban desde Alemania, Bélgica y Francia se los obligaba a convertirse en argentinos. Entre ellos había muchos de una elevada cultura y de profesiones liberales. 


La Sociedad Comercial Chile-Argentina tuvo un final trágico. Yo ya mencioné que en el año 1900 cuando llegamos a lo que hoy es Bariloche las viviendas de la factoría pertenecían a Carlos Wiederhold. Estaba casado con una viuda. Una de las hijas de la mujer se convirtió en la mujer de Federico Hube. Wiederhold conservó sus propiedades en Bariloche. Hube, su yerno, siguió en Puerto Montt en donde fundó la importante "Sociedad Ganadera y Comercial Chile-Argentina" que del gobierno argentino recibió como donación de más de 100.000 hectáreas de tierras. Las acciones de la compañía subieron de 65 a 165 pesos. Pero entonces llegaron los golpes del destino. La sociedad compró cien mil ovejas en el otoño y llegó el invierno y cubrió las planicies de la pampa con nieve y hielo. Los animales comenzaron a morir de hambre. La lana no pudo llevarse a Chile y no se pudo cumplir con los contratos. En cuanto al cruce de los Andes la sociedad había proyectado un cable carril a través de la Cordillera. Los cables y las maquinas se compraron en Alemania pero por falta de fondos no se pudo terminar. El invaluable material se abandonó en los cerros y se oxidó. La sociedad compró en Inglaterra un vapor de alta mar que lamentablemente con el tiempo probó ser inútil. Después de años de estar amarrado en el puerto de Talcahuano se vendió por una suma irrisoria. Entonces los administradores de la sociedad compraron las instalaciones y maquinas de una fábrica para fabricar briquetas con aserrín y también esa maquina no pudo ser utilizadas y se rompió definitivamente al comenzar a utilizarse. Por todas estas razones la Sociedad tuvo que liquidarse en el año 1910.

   Pero el camino que desde la ciudad de Puerto Montt llevaba a la Argentina cumplió todas las expectativas que se pusieron sobre el. Las factorías y las agencias de la Sociedad continuaron existiendo en forma independiente y los turistas siguieron llegando dando vida a la región.


   Hoy, San Carlos de Bariloche es una bella y activa ciudad. Es también la punta de rieles del ferrocarril del Estado que llega desde Buenos Aires. Carlos Wiederhold y Federico Hube la fundaron. Sus nombres y las acciones que llevaron a cabo no deben ser olvidadas y deben permanecer en el recuerdo de sus habitantes y de los que visitan esa hermosa región.

Dr. Christoph Martin Schadow

( Concepción, Chile 1958 )

   El texto original en alemán "Die Gründung von Bariloche" del Dr. Christoph Martin apareció publicado en la revista "Sudamerika", del año 1958.

Fuentes de las fotografías: (Archivo Visual Patagónico)

Pioneros Fundadores del turismo Chile - Argentina

Por el Dr. Christoph Martin Schadow


( Concepción, Chile, 1958 )

Bariloche, La Alemana de Carlos Wiederhold  1902

Puerto Blest, Botadura del vapor "Cóndor" noviembre de 1892

Petrohué, muelle y Vapor Tronador Lago Todos los Santos Chile

Bariloche, Moreno y Frey, 1910

Cable Carril de la Chile-Argentina, Archivo R. Roth

                                           

Puerto Blest, Ca. 1925, Kaltschmidt, Col. Beveraggi

La Ensenada sobre el Lago Llanquihue y Volcán Calbuco Chile

Hito Limítrofe Argentina - Chile

Volcán Tronador Casa Pangue

Hotel Lago Frías

Lago Frías y Volcán Tronador

Lago Todos Los Santos Peulla

    Pioneros fundadores del turismo Chile-Argentina

      Diario del Explorador Benjamin Muñoz Gamero

El vapor Cóndor Esfuerzo de Gigantes - Epopeya Monumental

     Navegación en el Lago Llanquihue 1852 - 1952

                 Don Carlos Wiederhold Piwonka

               La Leyenda del Gigante del Calbuco


La Ensenada Chile

Centro del Turismo de Aventura

Lago Llanquihue

Región de Los Lagos - Chile



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                                   Pichi Juan

La Leyenda de la Licarayén o leyendas del Lago Llanquihue

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